Esa es la primera impresión que genera Elkin Obregón cuando habla; una simpleza contradictoria que lo deja a uno tambaleando como un equilibrista entre el desconsuelo y la risa, y lo pone a pensar que al fin al cabo la caricatura es el retrato más descarnado y sincero de la vida y el caricaturista su pintor. Elkin Obregón vive en una vieja casona amarilla en el Centro de Medellín. De barbas entrecanas, doradas en el bigote por el consumo de cigarrillo, vive entre un fortín de libros arrumados, iluminado por una luz tenue que sugiere una bohemia extinta, una esencia a tertulia y una vigilia permanente. Recuerda que en esta casa ha vivido toda su vida y está completamente habituado a ella. Y es cierto.
Esbozos del Centro de antaño
El Centro de sus años de infancia, lo recuerda como si se tratara de "la noche de los tiempos". Pero de pronto se le hacen más claras las salas de los teatros Junín, El Pablo Tobón Uribe y la sala de conciertos de Bellas Artes como los sitios donde sació su curiosidad juvenil por ver, escuchar y sentir.
La bohemia le presentó la noche, lo condujo a cafés como La Bastilla, Suratama, el café Regina y otros bares y cantinas que le hicieron serpentear el Centro y entablar conversaciones hasta la primera luz del amanecer, al calor de unos tragos. "En esos días se vivía sin zozobra y cualquiera podía, sin importar su estado etílico ni la oscuridad de la noche, regresar a su casa sin ningún percance", recuerda.
El Centro borrado
Cuando Élkin Obregón se refiere al Centro de los últimos 40 años, considera que la zona ha vivido en un proceso de lumpenización. "Lo que influyó en el cambio de cara del Centro fue la Avenida Oriental. Fue un machetazo, la ciudad quedó con un tajo en la cara y como no había cirugía plástica en esa época la cicatriz quedó expuesta mucho tiempo", afirma. Luego, con la sistemática desaparición del área cultural y económica de Guayaquil se acabó con el gran movimiento comercial y de bohemia en la ciudad. "Porque Guayaquil por alguna razón misteriosa parecía un puerto, y le daba un aire de metrópoli a la ciudad".
"Ahora están tratando de recuperar el Centro con conceptos que no creo que tengan mucha utilidad porque el Centro y la ciudad están hechos de capas geológico temporales, que cambia unas cosas por otras, se renueva y se contrae y es impredecible saber a dónde va, pero avanza, se abre caminos, crea nuevos espacios y usos y se adapta al ritmo de los tiempos y sus gentes", explica con cierta tozudez de viejito regañón sentado en un hormiguero.
Hoy Elkin Obregón se ha entregado a su propio ostracismo y no sale de noche, frecuenta poco el Centro que alguna vez caminó, que ya es otra ciudad. "No es una decisión heroica ni mucho menos", aclara, es que el Centro de ahora no le ofrece las posibilidades de disfrute y la tranquilidad de antaño. Sin embargo, con ese sentimiento de amor odio por este lugar que ha sido su cuna, su barrio y su baúl de los recuerdos, es socio de la librería Palinuro que queda en el Centro, recupera libros viejos, abre un espacio para esa tertulia que se esfuma en el vértigo de los nuevos tiempos, y surge como respuesta ante la proliferación de librerías que priorizan el negocio sobre el libro y la lectura. recuadro
Caricaturista político y creador de Los Invasores
Desde su más tierna infancia Elkin Obregón manifestó su inclinación por la caricatura. En sus años de juventud desarrolló esta inquietud y le dio forma en varias manifestaciones como pintor, dibujante, acuarelista y diseñador gráfico. Para ganarse la vida haciendo lo que le gustaba, trabajó en el periódico El Colombiano como caricaturista político, "porque este país es muy divertido y para tomar el pelo, porque el deber de un caricaturista de prensa es ser la pulga en la oreja. Criticando y desnudando vicios y verdades con humor", comenta. Dejó de dibujar para periódicos porque reconoce que "se me fue de las manos este país, porque ahora ocurren cosas muy siniestras que rompen incluso el humor" y porque se cansó de este ritmo vertiginoso.
Entre 1975 y 1979, desarrolló una tira cómica llamada Los Invasores, una sátira que trataba sobre el descubrimento de América y las relaciones en clave de humor entre españoles y aborígenes, pero en el fondo hablaba de las relaciones entre el poder y nuestra cultura. La Universidad de Antioquia editó en 1992 una recopilación de las mejores viñetas publicadas entre 1975 y 1977 en los periódicos El Colombiano y El Mundo. Obregón confiesa que tuvo que dejar Los Invasores debido a la exigencia que implica mantener una tira cómica con alto nivel.
Desde hace algunos Elkin Obregón realiza caricaturas de personajes, las cuales se han expuesto en diversas galerías, bibliotecas y espacios culturales de la ciudad. Actualmente también se dedica a la traducción de libros.
Fuente:
centropolis.com.co